dimarts, 7 de febrer de 2012

En mi propia piel

En la madrugada del tres de febrero de 2012 mi madre marchó para siempre.
La tristeza está en mí.
Entre las dos y las tres.
El funeral se celebro el 4 a las 10 de la mañana.
El frío era la nota del día.
El 2 mamá dormía.
Se fue apagando.
Hubiera podido volver.
Entendí qué es la 'bella durmiente'. A partir de ahora miraré ese mito desde esa experiencia.
A ella le gustó escuchar el proceso de mi primera novela. Una fantasía que creció gracias a su participación.
Hoy mi corazón está roto.
Era mi tesoro. Mi amor.

¡Descanse en paz!


He pensado tanto en ella que no sé concretar en palabras las ideas que se amontonan en mi mente.
A su lado, durante casi dos meses de hospitalización, he podido entender su partida.
Por una parte me alegra que se haya liberado del traje gastado de la vida, por otra, el vacío que ha dejado en nosotros es inmenso.
Papá es la parte más frágil. Mi atención se vuelca en él.
A ella la hemos acompañado en este final de viaje. Ahora toca hacer lo mismo con él.
Quien se queda debe hacer frente a esa inmensa soledad, y él es un anciano falto de recursos para hacer frente a su ausencia.
Nos necesita para que iluminemos el espacio que le rodea.